El miedo a equivocarnos
Imaginemos la siguiente situación,
un joven se dirige a la academia de música, como cada viernes. Va a clases particulares de guitarra eléctrica con un profesor.
Lleva a sus espaldas su propia guitarra, un modelo tipo Les Paul, con puente fijo, y sin palanca de trémolo, el cuerpo es de color negro brillante.
Sabe que nunca será un virtuoso de la guitarra, ya que cree que tendría que haber empezado de niño.
Una vez en clase, el profesor le pregunta si ha practicado. El chico le responde: "No tanto como quisiera".
Se dispone a tocar el ejercicio para el profesor. Tiene que hacerlo perfecto, no se puede equivocar.
Pero de alguna manera sus dedos están rígidos, está muy tenso, le da mucha vergüenza tocar delante de otra gente. Rasga las cuerdas con la púa muy flojito, proyectando poca seguridad.
Mientras toca el ejercicio se da cuenta de que suena fatal, como puede ser? En casa le salía bastante bien. Se siente fatal, se critica y se machaca por hacerlo mal, de alguna manera sus pensamientos le hacen sentir peor.
La clave podría estar en el "permiso" y en la interpretación.
Ese chico podría permitirse el error, permitirse vivir la experiencia de aprender, de ser aprendiz, porque lo que implica aprender es equivocarse. La auto-exigencia le impide disfrutar de lo que ocurre realmente: El hecho de que está aprendiendo a tocar un instrumento.
El profesor no le va a machacar tan duro como lo hace él mismo.
En el fondo esa situación concreta podría ser su modus operandi de ir por la vida. Temeroso de equivocarse, de no hacer las cosas perfectamente. No se da cuenta de que la vida es una escuela y que se aprende continuamente a vivir, a sentir.
No nos enseñan a equivocarnos, sino a ser perfectos, a centrarnos sólo en el resultado final.
Toda esa gente que ahora tiene éxito, antes ha caminado por senderos llenos de errores y dificultades.
Con el error hay aprendizaje. Es aconsejable equivocarse muchas veces, y rápido. El reto está en la percepción y la interpretación de ese resultado que está lleno de distorsiones aprendidas desde niño.
Darse permiso para equivocarse no es sólo una frase, hay que sentirla y una vez comprendida es muy liberadora.
Seguramente ese chico podría afrontar la siguiente clase de un modo que cambiaría su vida para siempre.
un joven se dirige a la academia de música, como cada viernes. Va a clases particulares de guitarra eléctrica con un profesor.
Lleva a sus espaldas su propia guitarra, un modelo tipo Les Paul, con puente fijo, y sin palanca de trémolo, el cuerpo es de color negro brillante.
Sabe que nunca será un virtuoso de la guitarra, ya que cree que tendría que haber empezado de niño.
Una vez en clase, el profesor le pregunta si ha practicado. El chico le responde: "No tanto como quisiera".
Se dispone a tocar el ejercicio para el profesor. Tiene que hacerlo perfecto, no se puede equivocar.
Pero de alguna manera sus dedos están rígidos, está muy tenso, le da mucha vergüenza tocar delante de otra gente. Rasga las cuerdas con la púa muy flojito, proyectando poca seguridad.
Mientras toca el ejercicio se da cuenta de que suena fatal, como puede ser? En casa le salía bastante bien. Se siente fatal, se critica y se machaca por hacerlo mal, de alguna manera sus pensamientos le hacen sentir peor.
La clave podría estar en el "permiso" y en la interpretación.
Ese chico podría permitirse el error, permitirse vivir la experiencia de aprender, de ser aprendiz, porque lo que implica aprender es equivocarse. La auto-exigencia le impide disfrutar de lo que ocurre realmente: El hecho de que está aprendiendo a tocar un instrumento.
El profesor no le va a machacar tan duro como lo hace él mismo.
En el fondo esa situación concreta podría ser su modus operandi de ir por la vida. Temeroso de equivocarse, de no hacer las cosas perfectamente. No se da cuenta de que la vida es una escuela y que se aprende continuamente a vivir, a sentir.
No nos enseñan a equivocarnos, sino a ser perfectos, a centrarnos sólo en el resultado final.
Toda esa gente que ahora tiene éxito, antes ha caminado por senderos llenos de errores y dificultades.
Con el error hay aprendizaje. Es aconsejable equivocarse muchas veces, y rápido. El reto está en la percepción y la interpretación de ese resultado que está lleno de distorsiones aprendidas desde niño.
Darse permiso para equivocarse no es sólo una frase, hay que sentirla y una vez comprendida es muy liberadora.
Seguramente ese chico podría afrontar la siguiente clase de un modo que cambiaría su vida para siempre.

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